QUIÉNES SOMOS

Somos muchas las personas, cada vez más, preocupadas cada vez más también, por el imparable deterioro del entorno en el que vivimos los seres humanos desde hace no tanto tiempo. Nos preocupa el mundo que vamos a dejar a las generaciones que nos sucederán y nos preocupa la responsabilidad que tenemos en ello. También nos preocupa la forma en la que los seres humanos estamos destruyendo un planeta que compartimos, para su desgracia, con muchas otras especies de seres vivos de todas clases. Los seres humanos nos hemos convertido en los mayores depredadores del planeta en nombre de cosas que no sabemos muy bien lo que son y a las que llamamos “progreso”, “evolución”, “desarrollo” o “riqueza”.

La disculpa para destruir el planeta es la creación de riqueza. ¿Para quiénes es esa supuesta riqueza? Por supuesto que incluso en el caso de ser cierto que se trate de “riqueza” es sólo para unos pocos. Mientras millones de personas mueren de hambre, unos pocos occidentales podemos cambiarnos de calzoncillos o de bragas todos los días y llevar prendas que desechamos sólo porque se pasan de moda y llevamos encima toda la tecnología que sea posible aunque para ello sea necesario explotar el coltán del Congo y matar a miles de personas diariamente. Podemos sonarnos los mocos con pañuelitos de suave papel aunque luego presumamos de proteger los bosques solicitando “facturas electrónicas”…

Todos somos responsables y entre todos podemos detener esta escalada de destrucción.

Todos somos responsables. Pero algunos, además, hacen todo lo posible porque esto no sólo no se acabe nunca sino que sea cada vez peor. Cuando ya parecía que no quedaba nada por extraer del subsuelo aparece el bendito “shale gas” (una costumbre de estas gentes es llamar a las cosas con sus nombres en inglés), gas no convencional, gas de lutitas  o gas-pizarra. Prometen riquezas sin fin. Claro, sobre todo para ellos.

No les importa que muera gente ni dejar un planeta contaminado para el resto de seres vivos y para las futuras generaciones de seres humanos. Les preocupa que cunda el pánico y que se extienda la alarma porque se les podría acabar el negocio o se les puede complicar y encarecer tanto que sus beneficios se verían muy reducidos. Por otra parte, son tantos los beneficios que esperan obtener que están dispuestos a destinar importantes partidas presupuestarias a la inversión en lo que llaman “comunicación estratégica” y “responsabilidad social corporativa“.

De esta forma surgen las grandes “fábricas de mentiras” destinadas a la “creación de confianza” porque saben perfectamente que si siguen las recomendaciones que hiciera Goebbels para justificar el exterminio de judíos y conseguir el apoyo de las masas pueden hacer lo que quieran, tal como hizo Hitler con el apoyo de la mayoría de la población de su país. En los libros de historia se conoce como “propaganda nazi” y en los manuales de las grandes consultoras que trabajan para las multinacionales se llama ahora “comunicación estratégica”

Muchos que parecen corderos son lobos carniceros

(refrán popular)

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?”   Mateo 7, 15-16

BNK Petroleum, HEYCO Energy Group, R2 Energy Services e Hidrocarburos de Euskadi acaban de ponerse las pieles de cordero y van a explicarnos a todos desde su plataforma en internet y desde los medios de comunicación lo buenos que son y lo preocupados que están por la ecología, la sostenibilidad, el bienestar de todos y el futuro del planeta.

Esto les costará mucho dinero y habrá muchos otros que obtendrán grandes beneficios en la elaboración de pieles de cordero, como una compañía llamada “FTI Consulting” cuya vicepresidenta es Mónica V. Cristina, que es quien ha presentado la “plataforma” que han creado en internet para empezar su campaña de “comunicación estratégica” destinada a “crear confianza”.

No deben de saber que la confianza es algo que se consigue haciendo bien las cosas y que simplemente el hecho de tener que “crearla” es sospechoso. Cuando las empresas deciden invertir mucho dinero en algo es porque han calculado sus resultados y por tanto es posible que consigan “crear confianza”, pero nunca la merecerán.

En su página web nos dicen que su “plataforma reúne a la industria, expertos independientes y académicos”. Imaginamos  la independencia de los expertos y de los académicos y suponemos que entre ellos contarán con personajes del estilo de Enrique Aracil, profesor de la Universidad de Burgos y con intereses económicos en los negocios del gas pizarra y a quien conocemos desde su intervención en la organización de la famosa “Jornada de la vergüenza” en la Universidad de Burgos.

Los “principios” de la comunicación estratégica

Lo que ahora llaman las empresas “comunicación estratégica” se rige por una serie de principios que están copiados directamente de los principios de la comunicación ideados por Goebbels y que sirvieron al régimen fascista de Adolf Hitler para llevar a cabo sus proyectos con el apoyo de una parte muy importante de la población alemana.

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad
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