La gran estafa del gas de esquisto

Artículo publicado en Le Monde Diplomatique

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Fracking: otra estafa tipo burbuja

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La Revolución del Shale en aprietos

Gerardo Honty

ALAI AMLATINA, 07/03/2013.- La recientemente inaugurada “Revolución del Shale” –una expresión que refiere tanto al gas como al petróleo de esquisto- ha tenido serios cuestionamientos debido a sus impactos ambientales, llevando incluso a ser prohibida su explotación en varios países. Pero nuevas investigaciones vienen a traer nuevas preocupaciones con relación a estos hidrocarburos no convencionales, referidas a aspectos estrictamente económicos y productivos.

Por un lado, los datos revelan que la cantidad de reservas potencialmente explotables son bastante menores y los costos bastante mayores y por otro habría evidencia de que esta nueva y promitente actividad económica estaría convirtiéndose en una nueva burbuja financiera en los Estados Unidos.

En su informe el Estado de la Unión del año pasado, el presidente Barack Obama había dicho que Estados Unidos poseía suficiente gas natural como para abastecer al país durante los próximos 100 años. Pero un reporte preparado por David Hughes[i] –anteriormente vinculado a la industria del gas y actualmente miembro del Post Carbon Institute- afirma que el shale disponible en los Estados Unidos se agotará en menos de 25 años. La diferencia está en que, mientras los promotores del gas de esquisto se basan estrictamente en las llamadas “reservas técnicamente recuperables” Hughes analiza las tasas de producción y las tasas de declive de los pozos.

En su trabajo se analizaron los datos de 65.000 pozos de 31 cuencas de gas de esquisto en todo Estados Unidos y concluye que los pozos experimentan tasas muy empinadas de agotamiento lo que requiere un ritmo frenético de perforación para compensar los descensos.

Alrededor de 7.200 nuevos pozos de gas de esquisto deben ser perforados cada año a un costo de más de USD 42 mil millones sólo para mantener los niveles actuales de producción. En comparación el valor de la producción total de gas natural en el año 2012 fue de USD 32 mil millones, según el autor.

Los yacimientos de shale que hoy producen el 80% del gas natural estadounidense alcanzaron su meseta de producción en 2011 y están todos en franco declive.

En conjunto el gas y el petróleo no convencional requieren la perforación de 8.600 pozos cada año, a un costo de más de USD 48 mil millones, para compensar los descensos. La producción de petróleo, según Hughes alcanzará su pico en el año 2017 con 2,3 millones de barriles por día, para 2019 caerá a los niveles de 2012 y se agotará definitivamente hacia 2025.

¿Cómo se explica entonces el enorme desarrollo y las abultadas inversiones en esta nueva industria? Deborah Rogers, ex analista financiera de Wall Street y actual directora de Energy Policy Forum, publicó el pasado mes de febrero su reporte “Shale and Wall Street”[ii]. Allí se afirma que el reciente exceso de gas natural de mercado es producto de una nueva “burbuja financiera” que se llevó a cabo principalmente a través de la sobreproducción de gas natural con el fin de cumplir los objetivos de producción de los analistas financieros.

Los contratos de arrendamiento, explica Rogers, fueron agrupados y se incluyeron campos de esquisto no probados de la misma forma en la que las hipotecas habían sido vendidas en paquetes cuestionables antes de la crisis económica de 2007. Para Rogers, los analistas financieros de Wall Street son los principales promotores del gas y petróleo de esquisto en los Estados Unidos.

La llamada Revolución del Shale, según la autora, no es más que una burbuja, provocada por niveles récord de perforación y prácticas especulativas por parte de las empresas energéticas, promovidas fuertemente por los mismos bancos de inversión que fomentaron la burbuja inmobiliaria años atrás.

Si estos nuevos estudios están en lo cierto, el abastecimiento de combustibles en los próximos años estará seriamente amenazado. Con el petróleo convencional estacionado en su meseta de producción en el año 2006 –de acuerdo a la información proporcionada por la Agencia Internacional de la Energía- y un crecimiento esperado de la demanda de 15 millones de barriles diarios para 2030, el mundo esperaba que los hidrocarburos no convencionales fueran la salvación.

Si los límites ambientales no habían logrado poner fin al sueño del crecimiento continuo de la demanda energética, es posible que la propia economía finalmente se haga cargo de ello.

– Gerardo Honty es analista en Energía del CLAES, Centro Latino Americano de Ecología Social

[i] “Drill, baby, drill”. El título del reporte alude al slogan de campaña del republicano Michel Steel en 2008. Disponible en http://www.postcarbon.org/drill-baby-drill
[ii] http://shalebubble.org/wall-street/

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Extrahección: apropiación de la naturaleza en beneficio de unos pocos

Extrahección: violación de derechos en la apropiación de la naturaleza

Eduardo Gudynas

ALAI AMLATINA, 21/02/2013.- Extrahección es un nuevo término para describir la apropiación de recursos naturales desde la imposición del poder y violando los derechos de humanos y la Naturaleza. La palabra es nueva, pero el concepto es muy conocido. Describe situaciones que, poco a poco se están volviendo más comunes, como emprendimientos mineros o petroleros impuestos en un contexto de violencia, desoyendo las voces ciudadanas, desplazando comunidades campesinas o indígenas, o contaminando el ambiente.

Extrahección es un vocablo que proviene del latín “extrahere”, que significa tomar algo quitándolo o arrastrándolo hacia uno. Es por lo tanto, un término adecuado para describir las situaciones donde se arrancan los recursos naturales, sea de la comunidades locales o la Naturaleza. En esas circunstancias se violan distintos derechos, y ese precisamente ese aspecto que se pone en evidencia con este nuevo término. Los derechos violentados cubren un amplio abanico, entre los cuales se pueden indicar algunos para tomar conciencia de la gravedad de estas situaciones.

Impactos ambientales, como la destrucción de ecosistemas silvestres, la contaminación de aguas, suelos o el aire o la pérdida del acceso al agua, son todas violaciones de los llamados derechos de tercera generación. Estos están enfocados en la calidad de vida o un ambiente sano. En países donde además se reconocen los derechos de la Naturaleza (como en Ecuador), hay emprendimientos extractivos que son claramente incompatibles con el mandato ecológico constitucional.

Los derechos de las personas están afectados de muy diversas maneras. Repetidamente se incumplen las consultas previas, libres e informadas a las comunidades locales, o se fuerzan sus resultados, como ha sido denunciado en varios proyectos en los países andinos. También existen violaciones cuando se impone el desplazamiento de comunidades, como sigue ocurriendo con las explotaciones mineras de la región de Carajás en Brasil. En los sitios donde hay emprendimientos funcionando, se escuchan denuncias de violaciones a los derechos de los trabajadores, sea en su sindicalización, como en seguridad o condiciones sanitarias (como ha sido reportado por los trabajadores del carbón en Colombia).

No pueden pasarse por alto las prácticas de corrupción, como los esquemas de sobornos, sea para aceptar prácticas de alto impacto social o ambiental, o incluso para obtener los permisos de funcionamiento de un proyecto.

La extrahección también describe las circunstancias de emprendimientos que se imponen silenciando de distinta manera las voces ciudadanas. En los últimos años se está volviendo común judicializar las protestas, iniciando acciones legales contra sus líderes, quienes quedan sumergidos en procesos que duran años, se embargan sus bienes, se les restringen los viajes, etc. Un paso más es criminalizar las acciones ciudadanas, colocándolas bajo la sombra de cargos de vandalismo, sabotaje o terrorismo. Recientemente, el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL), ha recopilado casos de criminalización en varios países latinoamericanos.

Finalmente, en la extrahección también se llega a la violencia directa bajo distintos formatos. Esta puede estar en manos de individuos o a cargo de grupos, los que a su vez pueden ser cuerpos de seguridad o paramilitares, o estar en manos de las propias fuerzas estatales (policiales o militares). Una reciente revisión internacional encontró que las tres más grandes corporaciones mineras (Rio Tinto, Vale y BHP Billition), han estado involucradas con casos de violencia, varios de los cuales tuvieron lugar en América Latina.

Todo esto se expresa en represiones violentas de movilizaciones, raptos e incluso en el asesinato. Una vez más se encuentran muchos ejemplos recientes, desde las represiones a las movilizaciones ciudadanas en distintas localidades de Argentina o a la marcha a favor del TIPNIS en Bolivia, al saldo de al menos cinco muertos y mas de 40 heridos en el conflicto minero de Conga en Perú.

Está claro que estos y otros casos representan acciones ilegales que ocurren en países que cuentan con coberturas legales para los derechos humanos. Pero no pueden pasar desapercibidas las situaciones de “alegalidad”, donde se mantienen las formalidades legales, pero las consecuencias de las acciones son claramente ilegales. En este caso encontramos a corporaciones que aprovechan, por ejemplo, los vacíos normativos para lanzar contaminantes al ambiente, o que desentienden de las empresas que subcontratan para llevar adelante las acciones de mayor impacto en las comunidades locales.

Cuando el Estado no asegura su propio marco normativo en derechos, las comunidades locales han debido apelar a instancias internacionales, tales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos. De esta manera se han visibilizado muchos casos que antes quedaban sepultados ante las indiferencias estatales, como sucedió en Guatemala, solicitando el cierre de la mina Marlin para garantizar la salud de las comunidades locales.

¿Es necesaria la nueva palabra extrahección para describir estas situaciones? Por cierto que lo es. Es que estas violaciones a los derechos humanos y de la Naturaleza no son meras consecuencias inesperadas, o producto de acciones aisladas llevadas adelante por individuos descarriados. Esta es la justificación empleada varias veces por sectores gubernamentales o corporativos, con la finalidad de separar sus actividades de esas violaciones. Esa postura es inaceptable.

En realidad, la violación de derechos se ha vuelto un componente inseparable e inevitable de un cierto tipo de extracción de recursos naturales. Esto ocurre cuando esas actividades comprometen enormes superficies, realizan procedimientos intensivos (por ejemplo utilizando contaminantes) o los riesgos en juego son de enorme gravedad, y por lo tanto, nunca serían aceptables bajo los marcos legales o para las comunidades locales. Entonces, la única forma en que pueden llevarse adelante es por medio de la imposición y la violación de los derechos fundamentales. La violación de los derechos no es una consecuencia, sino que es una condición de necesidad para llevar adelante este tipo de apropiación de recursos naturales. Son facetas de un mimo tipo de desarrollo, íntimamente vinculados entre sí.

Es esta particular dinámica la que explica el concepto de extrahección. No basta con decir, por ejemplo, que una de las consecuencias del extractivismo más intensivo es la violación de algunos derechos. Debe dejarse en claro que existe una íntima relación, donde esas estrategias de apropiación de recursos naturales sólo son posibles quebrando los derechos de las personas y la Naturaleza.

El concepto de extrahección y la definición de extractivismo se discuten en el reciente Observatorio del Desarrollo No 18 – http://www.extractivismo.com/biblioteca.html

– Eduardo Gudynas es investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

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El interés económico de unos pocos contra el interés general

Prima el interés económico de las empresas frente al interés general. Este es el resumen del artículo de opinión de Juan López de Uralde que reproducimos a continuación:

Doñana, el gas y la política energética

El anuncio del permiso para extraer gas y almacenarlo en Doñana, realizado la semana pasada por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente (MAGRAMA), es la confirmación de que nada se interpone en la decisión de este gobierno de llevar adelante una política energética de apoyo a los hidrocarburos. Tan intenso es ese apoyo, como grave es el abandono a las energías renovables. La Declaración de Impacto Ambiental positiva (DIA) emitida por las máximas autoridades ambientales de este país a la extracción y almacenamiento de gas en Doñana, es un golpe a la joya de la naturaleza española. Llama la atención que en un país en el que la fuente de energía más abundante es el sol, se esté desmontando paso a paso la industria de las energías renovables, para impulsar la perforación y búsqueda de gas y petróleo, aunque para ello tenga que sacrificar Doñana, la Costa del Sol y las Islas Canarias.

Es evidente que el gobierno no cree en las energías renovables. Su política energética se basa en los hidrocarburos y la nuclear. A pesar de que en el último año la factura de importación de gas y petróleo ascendió a 45.000 millones de euros, con un aumento del 13% con respecto al año anterior, la apuesta por las renovables decae, y se opta por el apoyo a la búsqueda de yacimientos de hidrocarburos por mar y tierra.

El primer aviso llegó con los permisos del Ministerio de Industria para realizar prospecciones en las costas de Canarias. Este anuncio levantó un fuerte movimiento opositor en Canarias, una Comunidad que tiene en el turismo la principal fuente de recursos, que podría verse amenazada por la posible extracción de crudo cerca de sus costas. Pero detrás de Canarias han venido otros permisos en las costas mediterráneas, que muestran una línea de actuación preocupante.

En la misma línea está la expansión del fracking en nuestro país. El fracking es una técnica de extracción del gas no convencional. Se trata de reservas de gas que no se encuentran en bolsas subterráneas, como las convencionales, sino que se encuentra en forma de pequeñas burbujas fuertemente adheridas a las rocas a gran profundidad. Para extraerlo se inyecta agua mezclada con componentes químicos a gran  presión, lo que consigue fracturar las rocas y liberar el gas para que pueda ser recogido en superficie. Se trata de una tecnología muy cuestionada por su gran impacto ambiental, y algunos países europeos como Francia, han dictado moratorias a su utilización.

Parece mentira que en el país del sol y del viento, estemos condenando a la marginación a las energías renovables, y desmantelando una industria que creó miles de empleos. El único camino para reducir nuestra dependencia energética del exterior no son dudosos y arriesgados proyectos de elevado impacto en el medio ambiente, sino una clara estrategia de fomento del aprovechamiento de las energías renovables como están haciendo paises como Alemania. Siendo todo esto tan obvio, cómo nuestro gobierno actúa de forma tan ciega. Quizás ya no debamos hablar de ceguera gubernamental, sino que tenemos que preguntarnos abiertamente si se trata más bien de atender a intereses económicos concretos, frente al interés general.

Si seguimos así… no hay mañana

El problema de nuestra civilización no es el fracking ni las nucleares ni la utilización de fertilizantes ni el pico del petróleo ni la contaminación ni ni ni…. el problema de nuestra civilización es EL CRECIMIENTO y mientras sigamos empeñados en crecer y crecer y crecer y crecer y reactivar la economía y en el desarrollo sostenible y en el más y más y cada vez más… pues llegará un momento en el que todo hará BOUMMMMMMMMM…

Si seguimos así… NO HAY MAÑANA

Esto es lo que pretende explicarnos de forma sencilla y fácil de comprender es interesantísimo vídeo:

Ver el vídeo aquí

El dinero no se bebe, ni se come… ¿por qué “vale”?

La moneda del billón. Por: Héctor Abad Faciolince.

No sólo no soy economista sino que ni siquiera entiendo lo que es la plata.

Quizá por mi misma ignorancia es por lo que tanto me fascina que haya ahora tantos expertos que le estén pidiendo al presidente Obama que acuñe una única moneda de platino y le asigne el inmenso valor de un millón de millones de dólares (es decir un billón en castellano y un trillion en lengua inglesa), de tal manera que con esa simple medida se sacuda de la amenaza de no poder superar el techo de la deuda —como pretenden los republicanos— y así seguir pagando los gastos aprobados por el mismo Congreso, y cumpliendo, al menos nominalmente, con dos leyes contradictorias: honrar las deudas y no superar cierto techo de endeudamiento para pagarlas.

La cosa funcionaría así, según el premio Nobel de Economía Paul Krugman, que apoya la medida: “El Tesoro acuñaría una moneda de platino con un valor nominal de un billón de dólares. Esta moneda sería depositada inmediatamente en la Reserva Federal, la cual acreditaría esa suma a las cuentas del Gobierno. Y el Gobierno podría entonces hacer cheques contra esa cuenta, operando normalmente y sin tener que tomar ningún préstamo adicional”. Parece un truco de magia, pero hay muchos economistas serios que piensan que la cosa funcionaría sin disparar la inflación y que así Obama se quitaría de una vez por todas el chantaje de los republicanos que exigen que el Gobierno disminuya el gasto social, sin tocar, por supuesto, los gastos militares.

Antes de volver a esta monedita milagrosa quisiera preguntarme, y preguntarles, qué es el dinero. Si uno piensa en el oro, por ejemplo, que es quizá la moneda más apetecida y antigua, la respuesta no es fácil. ¿Por qué vale tanto un metal que es casi inútil? Es verdad que no se degrada, que sirve para los puentes dentales y para algunos contactos en aparatos electrónicos, pero su verdadero valor no reside en sus cualidades intrínsecas sino en su escasez. Si un gran meteorito de oro cayera sobre la tierra y se pudiera explotar, el oro sería tan barato como el hierro. El cobre o el petróleo son cosas útiles que se producen y se gastan; el oro, en cambio, es tan inútil que se extrae y se guarda. Y sin embargo la “sed del oro” podría destruir todas nuestras montañas.

Nunca he podido saber si el dinero es una cosa real (antes los pesos estaban respaldados por oro, ya no) o una cosa simbólica. Sé que llega a nuestras manos y se esfuma en cuentas, en comidas, en remedios, en regalos; sé que si trabajamos todo el mes nos entregan algunos papeles con caras de próceres con los que volvemos a pagar el agua. Pero los gobiernos pueden imprimir esos papeles mágicos, usted y yo no podemos. Por supuesto que un gobierno serio no puede imprimir sin parar porque entonces se llegaría a lo que pasaba en Alemania en los años 30, que para pagar el mercado había que llevar una carretillada de billetes, y la moneda se devaluaba cientos de veces de la noche a la mañana, con lo que nadie sabía cuánto valían las cosas. Pero algunos dicen que acuñar esta moneda no sería inflacionario (ni sería hacer riqueza a partir de aire), sino algo sano para evitar que la economía más grande de la Tierra se declare en bancarrota y tenga que dejar de pagar, por ejemplo, los bonos del tesoro, cosa que ocurriría en un par de meses. Con esta monedita mágica el gobierno gringo no tendría problema de gasto durante un año.

Otra opción, que según otros tampoco es inflacionaria, sería acuñar monedas de 50 millones de dólares, las cuales serían compradas como medida de seguridad (y guardadas en cajas fuertes) por grandes empresarios y compañías, que al no entrar en circulación, no producirían efectos indeseados. Apenas entiendo esta magia; hay quienes dicen que es serio y quienes dicen que es una locura crear riqueza de la nada. ¿Pero no es el oro, en sí mismo, una riqueza que tampoco se basa en nada? El oro no se come ni se bebe ni se usa ni sirve para nada, y sin embargo vale.

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