Shale gas. ¿Una nueva burbuja financiera?

La industria del gas reconoce que el gas de esquisto, efectivamente tiene ciertos riesgos que son controlables y que la contaminación de las aguas residuales se puede solucionar mediante la depuración de las mismas. Minimizan los riesgos de todo tipo, descartan la posibilidad de provocar seísmos, consideran que no hay riesgo para los acuíferos si se toman medidas de precaución y tratan de convencernos de que la utilización del gas natural contribuirá positivamente a la reducción de gases de efecto invernadero.

A cambio de algunos riesgos que consideran que se pueden asumir gracias al estado actual de la tecnología nos prometen un nuevo “El Dorado”. Tratan de convencer a la opinión pública de que el gas de esquisto (shale gas) es un increible motor de crecimiento económico. Prometen la creación de millones de puestos de trabajo, independencia energética, la reactivación de la economía que permitirá la salida de la crisis y una alternativa al llamado “pico del petróleo”.

En diciembre de 2011, la consultora PriceWaterHouseCoopers (PWC) publicó un informe en el que se estimaba la creación de hasta un millón de empleos en la industria manufacturera hasta el año 2025 como consecuencia de la explotación del “shale gas”. Sin embargo, hay que recordar que no es la primera vez que PWC manifiesta un entusiasmo parecido, tal como ocurrió con sus pronósticos en la época de la famosa “burbuja de internet”.

Por otra parte, si prestamos atención a los documentos del sector del gas de esquisto publicados en junio de 2011 por el New York Times nos daremos cuenta de que el entusiasmo por el gas de esquisto sería claramente el resultado de un optimismo nada desinteresado.

Desde finales de 2008 la reserva federal de EE.UU. practica una política de tasas de interés próximas al 0%. Este flujo de dinero “libre” ha impulsado los mercados de valores y las inversiones en busca de altos rendimientos. Este fue también el caso del sector del gas de esquisto, sobre todo porque las publicaciones oficiales del gobierno y las de la industria del gas habían pronosticado grandes reservas de este gas que permitirían a Estados Unidos convertirse en el primer exportador de hidrocarburos en 2020.

La Agencia Internacional de la Energía pronosticó en noviembre pasado que Estados Unidos sería el mayor productor de hidrocarburos en 2020 basándose en el desarrollo de la producción de petróleo y gas no convencionales.

Sin embargo, el New York Times, en su artículo de junio de 2011, hacía patentes las dudas de numerosos actores del sector. Publicaron un e-mail dirigido por Deborah Rogers, miembro de la reserva federal de Dallas, a un geólogo en el que se decía:

“Estos pozos se vacían tan rápidamente que los operadores están comprometidos en un costoso juego de captura. Esto podría tener graves consecuencias para nuestra economía local”.

En un e-mail a uno de sus colegas, un geólogo de ConocoPhillips decía en 2009 en referencia al famoso yacimiento de Spraberry que fue una auténtica catástrofe financiera:

“Esto corre el riesgo de acabar como el menos rentable de los yacimientos”

Otro ejemplo preocupante: en un e-mail en el año 2009, un funcionario de “IHS Drilling Data” estimaba que el funcionamiento de Haynesville y Marcellus fueron de hecho un “esquema Ponzi”, es decir, un fraude financiero para atraer tontos.

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