El papel del fracking en la estrategia energética mundial

Muy interesantes las reflexiones que aporta en este breve comentario de su blog José Luis Salgado Airas y que repreducimos a continuación:

El papel del fracking en la estrategia energética mundial

Durante este pasado año la ciudadanía alavesa se ha familiarizado con el término “fracking” a raíz del plan del Gobierno Vasco para “explorar” el subsuelo alavés en busca de una fuente de energía que nos convierta en autosuficientes. La labor de la Plataforma “Fracking EZ Araba” ha conseguido que se cuestione esta técnica y sus resultados, desvelando las incertidumbres y las posibles consecuencias negativas de esta clase de explotaciones.

Pero este debate no es exclusivo de nuestro territorio. Esta es una partida a nivel mundial y los jugadores que apuestan por el shale gas y el shale oil son muy poderosos. Y las cartas con las que juegan tienen un gran peso a nivel geoestratégico. Es una apuesta por alargar nuestra dependencia de los combustibles fósiles más allá de lo que la lógica nos dicta.

Esta semana se han votado en el Parlamento Europeo dos resoluciones sobre este tema, una sobre las repercusiones medioambientales de la extracción de gas y petróleo de esquisto y otra sobre aspectos industriales y energéticos de este tipo de extracciones. Y por supuesto, desde hace meses el lobby pro-fracking está trabajando para que la legislación europea que regule esta práctica sea favorable a sus intereses, es decir, que se relajen las normativas medioambientales para que el fracking sea rentable para sus empresas.

Sus argumentos ya los conocemos en Euskadi: es una forma de autoabastecernos de gas (algo a lo que los países del norte de Europa son sumamente receptivos debido a su dependencia casi exclusiva del gas ruso), se va a crear mucho empleo estable (algo que las cifras reales cuestionan) y que el fracking es una técnica segura (algo que también es muy discutible, sobre todo a largo plazo).

En apariencia, el fracking está cambiado las cosas a nivel mundial. Estados Unidos se ha convertido en el primer productor mundial de gas, lo que le ha liberado de la dependencia de los recursos de los países del Golfo. Esto ha afectado seriamente a los intereses de Rusia como exportador de gas natural. China también quiere apuntarse a la fiesta, ya que sus necesidades energéticas se multiplican exponencialmente debido al crecimiento de su economía. En Latinoamérica ya hemos visto que Argentina no ha dudado en expropiar la compañía YPF para acometer proyectos de explotación de shale oil en la Patagonia.

El problema es que la rentabilidad real de los yacimientos de shale gas y shale oil es muy cuestionable. La evolución de la tecnología extractiva ha permitido que estos pozos puedan ser rentables, pero siempre que se mantengan los altos los precios del gas y del petróleo y que se obvien unas consecuencias medioambientales terribles que tendremos que sufrir durante generaciones. Por tanto, los cambios geoestratégicos que el fracking está propiciando no pueden ser muy profundos ni duraderos.

Aunque la oposición a esta técnica está muy extendida y es cada vez más fuerte, es difícil, pero no imposible, que se consiga evitar que esta locura continúe. A pesar de que el cénit del petróleo amenaza seriamente nuestro modo de vida, la sociedad parece que prefiere cerrar los ojos y continuar avanzando hacia un precipicio que, a día de hoy, aun podemos evitar.

La solución pasa por apostar de una vez por todas por un cambio de modelo energético, algo que los gobiernos prefieren evitar para no contrariar a las empresas que dominan el mercado mundial de los combustibles y de la energía y, como no, a los bancos que las financian.

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